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LES
OISEAUX
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LAS
AVES
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Murs
de l'uburu. - De L'agami. - Du gypaète. - Peut-être du rhinocéros.
- Férocité de la poule. - Du moineau. - Du pigeon. - Les
oiseaux de Hitchcock. - Férocité des mouettes. - Histoire
surnaturelle ratée. - Portrait bien beau d'une ornithologiste.
- Grandeur consécutive d'Allah.
Je n'en veux pas
à Hitchcock. Il y a dans ses Oiseaux une vieille savante inénarrable,
qui ressemble un peu à Moreno, pris sur le vif et d'un comique
grandiose à force de n'être pas forcé. Elle distingue
le pinson de la mouette par le moyen de leurs noms latins, extrait ses
cigarettes d'un appareil à sous et reste, comme un vrai savant,
fidèle aux conclusions des livres en face des tragédies
voyantes qui les contredisent sous ses yeux. C'est une vraie ornithologiste.
Il n'y a qu'à l'écouter parler pour imaginer sa crémerie,
son bureau, sa chambre à coucher, ses dimanches et ses camarades.
Son petit béret lui va très bien, tout comme son menton
en galoche. |
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Hábitos
del urubú. - Del agamí. - Del quebrantahuesos. - Tal vez
del rinoceronte. - Ferocidad de la gallina. - Del gorrión. - De
la paloma. - Los pájaros de Hitchcock. - Ferocidad de las gaviotas.
- Historia sobrenatural fallada. - Retrato bien bonito de una ornitóloga.
- Grandeza consecutiva de Alá.
El ave tiene algo extraño. Hace cosas extraordinarias : el urubú vacía las basuras, el agamí vigila los pollos, el quebrantahuesos es barbudo, el albatros pone huevos, la abubilla upupa, la garza hace gorgoteos, el milano huite y el rinoceronte barrita (aunque no es un verdadero pájaro).Todo esto acaba por inquietar. Por otra parte, basta con mirar una simple gallina, digamos una gallina negra de ojo amarillo, para acabar aterrado. Véanla picotear un gusano, una serpiente, u otra gallina (una gallina enferma que toda la cofradía asesina a sangre fría). Pica con un gesto mecánico y nervioso ; parece una máquina de coser ; o sino un monstruo terciario ; ninguna expresión ; el martillo neumático tiene más entrañas ; el elefante parece menos antiguo ; los híbridos de Bosch menos raros ; es una bestia del Apocalipsis. La gallina es un monstruo horroroso. La cigüeña ejecuta a los débiles y a veces come a sus cigoñinos ; la urruca es una ladrona desde su nacimiento ; el loro se emborracha con vino tinto ; como un carretero ; la paloma, símbolo de la paz, que suponemos tan fiel, muele a palos a su esposa para hacerle aceptar a una horrible concubina que pendoneó por todos los arroyos : descompone los relojes al posarse en la aguja y hace caca en el engrenaje, de tal modo que ya no se puede saber la hora por ningún monumento de París. El faisán es más duro que la piedra ; casi hay que dejarlo podrirse para conseguir comerle el muslo. El gorrión asesina el pinzón con el único fin de robarle su nido ; en cualquier parte que se instala, las demás razas desaparecen. Los americanos, que tienen pinzones sólo porque los mandaron traer de otra parte, por lirismo zoológico, no saben lo que tienen que hacer para exterminarlos. Los chinos, cuya agricultura sufre grandes dificultades, ven las aves de rapiña comerles en pie los tres granos de arroz que les quedan ; ellos arman una escandalera con cazos de metal y botes de leche para impedirles que se posen y así vencerlas por cansancio. Las aves acaban calléndose. Muertas de cansancio. O si todavía les queda aliento, las aplastan. Pero hacen falta días, semanas, noches enteras, meses : no dormir nunca ; formar equipos coherentes ; elaborar listas que estén al día, por duplicado, en dos columnas ; ¡ en caracteres chinos ! Los cazos se abollan, los botes de leche se desesmaltan ; la madre de familia está furiosa ; abofetea a los niños ; los abuelos infelices ; el plan quinquenal se va al traste ; ya sólo se puede bombardear Formosa una de cada tres veces. En Nueva York, ocurre lo mismo, pero con palomas ; se ha intentado todo : el veneno, la red, el alambre electrizado ; van a contratar tiradores de primera. Esto es lo que hay. Después de todo, no es sorprendente que Hitchcock haya tenido la idea de su película sobre los pájaros. Imagina que esos animales ferroces han declarado la guerra a los hombres. Las gaviotas asaltan un pequeño puerto, matan a chiquillas y asesinan a la maestra ; ocupan un chalet del que revientan las murallas ; entran por las chimeneas ; provocan incendios. El petróleo arde, la ciudad está desconectada. Vemos un pequeño Hiroshima. Es un pretexto para fotos magníficas. Pero la historia no es muy credible, y tomaría otro sentido si consiguiéramos vibrar, si nos sintiéramos en presencia de una nueva época del planeta, durante la cual los animales van a cambiar de alma. Sería entonces espantosa ; el misterio pavoroso de una aventura cósmica. Hitchcock querría sugerirla. Desde el principio, el tono de los personajes insinúa que está pasando " algo ". Pero el joven galán declara en vano que queda " redondo de carne fría " como una pitonisa inspirada, como si fuese una profecía lúgubre. No nos lo creemos. En cambio, las fotos de los pájaros volando por bandada o aislados, son extraordinarias y a veces inquietantes. El pájaro que se tiene inmóvil, mirando a un hombre entrar a su casa, con un ojo acechador de avanzada, y al cual se agregan dos, diez, veinte, cien, mil congéneros, todos inmóviles, acaba dando escalofríos. Historia natural lograda. Historia sobrenatural fallada. La película no merecía tanta propaganda. Se prodiga a ello, me aseguran conocedores, por unas proezas técnicas. Es muy posible. Pero no me gustaría más La Fontaine si hubiese actuado de tal manera que se pudiesen leer sus fábulas al revés. No tengo nada contra
Hitchcock. En sus Pájaros está presente una vieja sabia
inenarrable, que se parece un poco a Moreno, reproducida del natural
y con un cómico enorme a fuerza de no ser forzada. Distingue
el pinzón de la gaviota por el medio de sus nombres latinos,
extrae sus cigarrillos de un tragaperras y se queda, como un verdadero
sabio, fiel a las conclusiones de los libros frente a las tragedias
videntes que las contradicen ante sus ojos. Es una verdadera ornitóloga.
Basta escucharla hablar para imaginarse su lechería, su despacho,
su habitación, sus domingos y sus compañeros. Su pequeña
boina le queda muy bien, al igual que su barbilla prominente. |